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El aroma del pan recién hecho

Su padre es un tal José Luis López-Brío y Gómez de la Portezuela, quinto marquesito de Postealto, tercer señor de Lucenitas y, por cuestiones de reducción del patrimonio, primer panadero del pueblo a tiempo parcial que, las noches sin luna llena, gustaba de amasar por las camas de los alrededores. «El levadura», le llamábamos, porque nunca fallaba y levantaba miga. Pero tuvo que huir del pueblo, comenta entre risitas otra de las que le echaban masa madre cuando ve pasar al hijo con la furgoneta de reparto. Se santigua, sobreactúa, y por los adentros suspira recordando aquellos tiempos en los que siempre tenía su horno encendido.

Showtime

A las 22:00, se produjo la erupción.
Mientras todos los animales huían despavoridos, las faldas del volcán se fueron llenando de curiosos, reporteros, vecinos que hablaban de lo tranquilo que parecía, jóvenes haciéndose selfis al borde del cráter, tertulianos, influencers, profetas y predicadores del fin del mundo, vendedores de magma y cenizas y alguien que pasaba por ahí. A las 22:15 el volcán se apagó y todos volvieron a sus casas defraudados. Solo el ruido de un tiroteo consiguió animarles de nuevo.


(Finalista anual Relatos en Cadena - 2021 - mayo) 

Amor arrebatado

Le pido que haga todo lo posible por mantener con vida a mi marido un poco más y ella se esfuerza, incluso cuando ha terminado su turno. Es atenta y amable. En ella descubro consuelo y a una confidente. Me toma de la mano y me da ánimos. Es divertida. Me hace reír. Pasamos muchas horas juntas. Le agradezco el esfuerzo y su compañía. Le digo lo afortunada que me siento desde que ella apareció con su estetoscopio en la habitación. La invito a cenar, nos besamos y al final, por no sufrir, optamos por desconectar a Paco que se nos va.

(Finalista semanal XIV Edición de Relatos en Cadena. 09/11/2020)

Chicago 1924

Le obligaron a sentarse en el sofá, junto a sus zapatos de claqué. 
—¡Átatelos, Carlo! —le ordenó Johnny señalándolos con su automática—. No tardes o será peor. No me importa matar hombres sin pies, lo que no soporto es ver muertos descalzos, aunque sean unos soplones como tú.
Carlo se agachó y, despacio, muy muy despacio, comenzó a atarse el primer zapato.
—Todo hombre debe ir a la tumba con un buen traje y unos buenos zapatos —sentenció Johnny—. La nonna Giulietta así me lo enseñó.
Carlo miró los zapatos de Johnny.
«Su abuela estará contenta», pensó Carlo mientras palpaba el revolver bajo el sofá.

(finalista semanal XIII Edición de Relatos en Cadena. 13/01/2020)