Hija única

La niña pone la manita sobre la abultada tripa de su madre y pregunta si falta mucho. La madre le sonríe y contesta que no, que en muy pocos días podrán abrazarse y darse muchos besos y que muy pronto compartirán toda la ropa y los juguetes. La niña ladea su cabeza, lanza un beso a su madre y regresa entre saltitos a su cuarto. Cierra la puerta con sumo cuidado, esconde su camiseta de princesas tras el cajón del armario y, canturreando, empieza a afilar todos sus juguetes.


(Hermanos o relojes - ENTC - 2022)

Evolución

Nos extrañó que naciese con pocas escamas. Pensamos que se trataba de algún retraso en el crecimiento, pero cuando vimos que tampoco desarrollaba la aleta ventral y le salían esas patitas nos preguntamos en qué habíamos fallado.
     Ahora se pasa el día entero en su agujero del arrecife haciendo vete a saber qué y por las noches se larga de correrías con sus amigotes. Vuelven con la marea, arrastrándose. Ellos lo llaman “flow”. Van a la suya; no cuentan nada. Dicen que somos unos pesados, unos antiguos y que les dejemos en paz o un día de estos se van más allá de la orilla y no vuelven nunca más.

(Finalista mensual - La Microbiblioteca - Marzo 2022)

Huir de la quema

Del aula no ha quedado nada: ni un lápiz, ni un borrador, ni la tutora. Entre una nube de adultos, distingo a mi hermano. Al verme, se lanza a mis brazos. Todos dicen que ha sido una suerte que sea el único superviviente. Sonrío nerviosa y les digo que sí. Tomo su mano y salimos. Cuando llegamos a casa, su cuerpo ya no arde por dentro. Hacemos las maletas y cambiamos de ciudad, cada vez más cerca del polo norte.

(Mundo Iracundo - Antología - Editorial Minificción - 2022)

a. C / d. C

En el pueblo hay una gran expectación. Doña Milagros, nuestra beata, jura por Cristo Señor que un delicado coro de ángeles, serafines y querubines, liderado por un arcángel, interpretará con sus deliciosas voces un concierto divino. Así se lo ha manifestado una voz tremendamente profunda en la capilla del santo Patrón. Don Miguel, el cura, afirma que si ella lo dice, será verdad. El alcalde, por si las moscas, ha colocado un escenario en la plaza de la iglesia: no quiere arder en el infierno si es que existe.
      A las ocho de la tarde, con puntualidad sobrehumana, los Ángeles del Cielo llegan en sus motos. Cubren las preciadas alas con cazadoras de cuero y los ojos con gafas de sol. «Tienen pupilas delicadas», explica la beata.
       Después de los primeros acordes, nadie sabe qué decir. Todos pensaban que los coros celestiales eran menos estruendosos. A pesar de todo, doña Milagros baila como poseída en mitad de la plaza. Por un momento parece levitar sobre los adoquines mientras el ser divino de cabellos de ángel que tanto recuerda a don Miguel aporrea la batería y canta con voz tremendamente profunda Highway to Heaven.

(Ángeles o gigantes - ENTC 2022) 

Imagen de Pete Linforth en Pixabay

Encornadura

Cuando llega la primera Nochebuena, José lleva ya unas cuantas horas sentado y con la servilleta remetida en el cuello de su túnica. Espera esta cena desde que salieron de Belén y jura que tiene unas ganas inmensas de comerse todo lo que le pongan por delante. Esta vez él se ha empeñado en hacer la compra y, para que todo salga bien, ha pasado la mañana en su carpintería afilando el pincho y el cuchillo de trinchar. Cuando escucha que María viene con la cena, empuña las herramientas con fuerza y arremete enrojecido contra el pichón al horno. Hunde el cuchillo en él, con saña, y babea mientras lo corta sabiendo que ese maldito pájaro va a tener un sabor divino.

(Monstruoscopio 2021 - Esta Noche Te Cuento)

Alma reconcomida

Quienes lo observan por la calle Mayor afirman que hoy de nuevo va encendido y rechina los dientes mientras masculla palabras que parecen salir de muy adentro.
  Los que están en la plaza cuentan que siempre le propina tal puntapié a la papelera del ayuntamiento que la manda hasta la pared de la botica: veinte metros lo menos.
  En el casino olvidan por un momento el dominó para verlo pasar sulfurado y comentan cómo hace aspavientos con la mano que no se aferra a la escopeta.
  Los parroquianos del bar aseguran que cuando enfila la calle Nueva tiene la mirada baja y el semblante ennegrecido, tanto que parece más un toro que un ser humano.
  Y como todos los 20 de junio desde hace seis años, termina frente a la casa del Venancio, llamándolo a gritos hasta que sale su viuda. Allí mismo él le da el pésame y le dice que siente mucho que su marido se haya ido de este mundo sin haberle podido descerrajar los dos tiros por lo de las lindes.

(Finalista - ENTC 2021 - El enfado y la ira)
(Finalista anual - ENTC 2021) 
(Ganador popular - ENTC 2021)

Imagen de Sascha Luehr en Pixabay

Piénsame

Desde que aprendiste a desaparecer, dudo cada mañana si te has marchado o sigues aquí. Me levanto como un loco y revuelvo de nuevo la casa. Te busco bajo tus ropas y mis lágrimas, entre tus silencios y mis recuerdos. Arrastro por el piso mi desesperación y cuando estoy por rendirme escucho a mi espalda tu risa y tu voz que con susurros me jura que aún soy el hombre real de tu imaginación. Intento abrazarte y de pronto te vuelves transparente para escapar de nuevo. Justo antes de que desaparezca tu olor, te pido a gritos que me pienses.

(finalista semanal en la Cadena SER - Relatos con Banda Sonora - La Ventana - 09/08/2021)

Espectadores

Al mediodía, todos se paran y miran al cielo. Esperan con la boca abierta a que hoy, de nuevo, pase el hombre que vuela. Y lo hace: hoy vuelve a pasar. Nadie parpadea. Se dan codazos y, atónitos, señalan hacia arriba. Siguen la trayectoria con sus índices y dibujan el vuelo. De pronto, escuchan un disparo y el hombre que vuela es el hombre que cae. Los dedos le acompañan en la caída, cruzan el horizonte y, al final, apuntan al suelo. Se acercan y, sin dejar de señalarlo, se congregan alrededor del hombre que gime. Desde su pequeño cráter de asfalto, el hombre que agoniza los mira y pide ayuda. Nadie mueve un dedo hasta que el hombre que muere deja de respirar. Es entonces cuando todos se giran y guardan las manos en los bolsillos mientras se alejan del hombre olvidado.

(Finalista - ENTC 2021 - La sorpresa y el asombro)
(Premio LINCE «Montesdetoledo» 2021 - ENTC)

El arte decadente

A mis padres, que me enseñaron el lado absurdo y divertido de las cosas.


Manolo Dosaguas Cienfuegos, Mano para los amigos, era, en secreto, el detector de la pincelada, el catador del museo, la nariz del Prado. Tras más de veinte años como vigilante nocturno, podía distinguir por el olor el periodo artístico al que pertenecía una obra, por el sabor el año aproximado en el que fue pintada y por el tacto la escuela o, incluso, el maestro que había realizado los trazos. Durante sus rondas, Mano se paraba delante de un cuadro y, sin encender la linterna, recorría con sus dedos las huellas dejadas por el pincel. Luego acercaba la cara y dejaba que su nariz se empachara con los olores de las materias usadas en los pigmentos y un leve toque de su lengua sobre el lienzo era suficiente para percibir el regusto de antigüedad de los barnices. Algunas noches ordenaba los cuadros de sus salas por el sabor y otras por el olor, aunque, tal y como marcaba la dirección del museo, terminaba el turno ordenándolos por el tacto. Mano vivía feliz entre lienzos.

    Pero un día se conjuraron todas las fuerzas dañinas del universo al alinearse un maldito resfriado de los que hacen de la nariz un grifo y un bocadillo de atún de marca blanca con pimientos del piquillo de la huerta chilena, eso sí, preparado por su madre con mucho amor, aunque con muy poca mesura en sabores y aceites. Y es que Mano, a sus 54 años, aún vivía con ella, según él, para evitarle a la señora el trauma del nido vacío.

    Las consecuencias de tanto cariño maternal delimitado por yescas de pan fueron una boca atunera y unas manos pringosas que, unidas a la destiladora nariz, sugerían cualquier otra actividad antes que la de ordenación de obras pictóricas. Pero, por desgracia, el ser humano rara vez ve el peligro por la seguridad que da el oficio y la necesidad y el amor al arte pudieron más que la lógica.

    Serían alrededor de las nueve y cuarto de la mañana cuando el responsable de la colección permanente avisó al director. Al llegar al museo se percató de que el problema era mayor de lo imaginado: paredes sin cuadros, un Goya entre un Bosco y un Murillo, restauradores llevándose obras de aquí y de allá… Pero lo peor estaba en la sala 29: cuadros descolgados con brillos extraños, otros del revés y un Tiziano rezumando aceite. Hasta Las tres gracias se habían puesto de espaldas para no ver el panorama. Y en medio de la sala, un corro formado por algunos guardias del museo se abrió para dejar paso al director.

    En el centro del círculo, sentado en el suelo, con las piernas cruzadas y abrazado a si mismo, estaba Mano. Lloraba a moco tendido, con las huellas aceitosas de sus manos en la camisa y restos de mocarros en los puños de sus mangas. Se mecía rítmica y mecánicamente y en cada uno de sus movimientos soltaba un «lo siento», uno tras otro, como si se hubiese convertido en un metrónomo plañidero.

    Lo último que se supo de él fue que también le echaron del banco donde lo reubicaron cuando una mañana apareció en el despacho del director ligero de ropa, babeando y abrazado a una mala litografía de La maja desnuda.


(Publicado en Letra impresa, Escuela de Escritores. 2021 - ISBN 9798502008402)

Entretelas

Hoy, de nuevo, he salido del mercado con otra mamá. Todos los días alguna señora me dice cosas —que si estoy más alto, más guapo, más mayor— y entonces busco una falda, hundo mi cara en ella y no miro nada más. Y es que todas llevan ropa parecida y huelen igual de bien: a pan recién hecho, a mermelada de besos, a caricias de canela. Como no me atrevo a mirar por si la señora sigue ahí, hasta que no salimos a la plaza no me doy cuenta de que mi mamá ha cambiado. No digo nada, por vergüenza, porque se está muy bien, y sigo agarrado. No soy el único. Después de charlar entre ellas, nos deslían y cada cual vuelve a la suya. Es entonces cuando aprovecho para mirar a Paula, que me sonríe junto a su mamá. Yo vuelvo a esconder mi cara, pero hay algo que me hace devolverle la sonrisa por la rendija que se forma entre la falda y mis manos.

(Publicado en ENTC - La vergüenza y la confusión)

Showtime

A las 22:00, se produjo la erupción.
Mientras todos los animales huían despavoridos, las faldas del volcán se fueron llenando de curiosos, reporteros, vecinos que hablaban de lo tranquilo que parecía, jóvenes haciéndose selfis al borde del cráter, tertulianos, influencers, profetas y predicadores del fin del mundo, vendedores de magma y cenizas y alguien que pasaba por ahí. A las 22:15 el volcán se apagó y todos volvieron a sus casas defraudados. Solo el ruido de un tiroteo consiguió animarles de nuevo.


(Finalista anual Relatos en Cadena - 2021 - mayo) 

El lenguaje natural

Entre las estanterías de la biblioteca, hartos de tanto juego infantil, descubrieron libros furtivos que permanecían ocultos a su ingenuidad. Los abrieron con dedos nuevos y de las hojas surgió una lluvia de adjetivos, nombres, pronombres, adverbios de todo tipo, verbos por explorar… Bajo sus pies desnudos, el aguacero formó una inmensa alfombra de palabras frescas, esponjosas, y se dejaron caer. Las probaron, taparon el rubor con las risas y construyeron frases compuestas con las que jugar. Lanzaron hacia el techo las más provocadoras, se enredaron en ellas y con las torpes caricias de sus morfemas, algo despertó. Los posesivos se pegaron con los besos a sus cuerpos, las preposiciones se enzarzaron en sus cabellos, los ojos brillaron con el mismo predicado y allí mismo, entre jadeos llenos de adverbios de modo y cantidad, conjugaron formas arrebatadas del verbo amar. De sus bocas escaparon fonemas apasionados y en los huecos de sus manos entretejidas, quedaron atrapadas algunas palabras: tú, yo, nosotros, más, ahora, siempre. Y una y otra vez, se dejaron envolver por el voluptuoso puzle gramatical.

(Microrrelato mencionado - ENTC 2021 - La pasión y el deseo)