Secretos de familia

Las tardes, de seis a siete, el abuelo era inmortal. Se enteró, contaba, cuando un obús, a las seis y diez, estalló a su lado. «Solo me hizo esto», y bajaba su calcetín para mostrarnos una cicatriz reseca en su tobillo izquierdo. Seguía con lo del camión que le arrolló, «sobre las seis y media», decía, y señalaba orgulloso una minúscula marca en su frente que mirábamos boquiabiertos. Más, pedíamos, y él explicaba su otro accidente: atravesó el parabrisas, voló por la barranquera y cayó en un pajar. «Siete menos veinte: ¡soy inmortal!», afirmaba mientras sacudía imaginarias briznas de paja de su chaqueta y nosotros aplaudíamos.

    Una tarde, decidimos comprobarlo. Cogimos el revólver de papá y disparamos a las tripas del abuelo: las siete menos cinco. Al principio se asustó, luego se carcajeó por nuestra ocurrencia. Justo al dar las siete, nos besó a todos, se levantó con dificultad del sofá y salió para contárselo a los amigos, dijo, pero algo le debió fallar dentro, y por mala suerte temporal, a las siete y dos, se desplomó en la calle.

    Ahora que él ya no está, me pido ser inmortal, aunque, si puedo elegir, mejor de seis a ocho.

El primer lyriano del sistema solar

Imagen de Gordon Johnson en Pixabay 
Mi nombre es Likoan-Latse y soy uno de los ocho denerthes, la élite científica de mi mundo. Fui enviado a la Tierra para defenderla del ataque de los reptilianos, la misma raza violenta que tras las Guerras de Orión aniquiló mi hogar, un planetoide en la tercera órbita de la estrella Deneb.
    En el tiempo que llevo aquí, he combatido sus ataques con todo lo que la tecnología de este atrasado planeta me ha permitido: tubos de descarga, ondas en plasma, pulsos de energía, escudos electromagnéticos… Pero no he podido permanecer oculto por más tiempo. Ellos y sus guerras me han forzado a mostrarme. Temo que su falsa raza aria logre conquistar el planeta. Lucho, lloro, resisto. Sufro constantes sabotajes, saqueos y mentiras que pretenden desarmarme. Cambio de hotel con frecuencia para no ser capturado. Rastrean el anagrama terrestre de mi nombre. Me llaman Nikola Tesla.


(ENTC - Monstruoscopio 2022 - Ronda 3)

Intraterrestres

Hace tres días que comenzó la invasión de la superficie. Los agarthianos surgieron del interior cuando los polos perdieron gran parte del hielo y las entradas a su mundo quedaron al descubierto. En pocas horas se extendieron como una marabunta y controlaron todo el planeta. Ahora emergen por cualquier agujero —simas, volcanes, grutas—, como si la Tierra fuera su inmenso hormiguero.
Ayer, sobre el desierto, ascendió su reina, un ser de piel blanca y cabellos brillantes envuelta en una luz cegadora. Parecía que en el firmamento hubiese dos soles. Descendió de los cielos en un carro de fuego tirado por leones tan blancos como la nieve y extendió su mente sobre las nuestras para contar su historia: una civilización bajo nuestros pies que, desde hace milenios, preserva el planeta. La última vez que salieron aniquilaron a los atlantes por devastarlo. Los humanos no correremos mejor suerte.

(ENTC - Monstuoscopio 2022 - Ronda 2)

¡Ay, Ptolomeo, qué mareo!

Tuve una extraña belleza. Atrayente, eso dicen. Tal vez, si hubiese nacido dos milenios más tarde, habría sido «La faraona de París», la más rutilante vedete del Folies Bergère o del Moulin Rouge. «La gran Cleopatra», dirían los carteles. Qué delicia, cantar vestida de ORO y, alrededor de mi cuerpo, una inmensa boa de plumas. Sí, boa, y no esa tontería del áspid. Quita, quita, que yo no dejo que un bicho feo me muerda, que con un pinchacito de nada yo misma introduje el veneno en mi cuerpo… Y qué deliciosa vida habría sido, ¡ay!, envuelta en lujo y pasiones: ramos por un beso, palacios por una sortija, sus vidas por mi atención. Luz, color, fiestas y piedras, pero preciosas, no de esas egipcias, polvorientas y abarrotadas de grabaditos con gente que nunca miraban a la cara y siempre que los necesitabas se ponían de perfil. 

(ENTC - Monstruoscopio 2022 - Ronda1)

El extranjero

A mi paso, las ventanas se cierran y las calles se vuelven silencio. Los vecinos esconden a sus hijas y a sus mujeres, las miradas matan desde los portales, el temor acecha tras los visillos. Los únicos ruidos, la cadencia de mis pisadas, la carga de una escopeta y el ladrido de algún perro. Desde el puente que levantó mi abuelo, echo la vista atrás para ver cómo el pueblo se recompone sin mi incómoda presencia. Sigo el camino. Me alejo de la tierra de mis antepasados, donde todos esos colonos pisotean ahora el suelo en el que nací.
(Esta Noche Te Cuento - Agosto 2021 - Naipes o extranjeros - Relato Mencionado)

Noche de reyes

Cada 5 de enero, ella vuelve del mercado con una caja de langostinos. Los esparce por la bañera y, desnuda, se mete dentro. El olor y la humedad le recuerdan al mariscador que ella tanto amó. Llora, se restriega el cuerpo con ellos. De vez en cuando les arranca alguna cabeza.  Deja que el líquido impregne todo, incluso el aire, y así pasa el día, dentro, bebiendo hasta perder el sentido. Cuando despierta rodeada de un olor nauseabundo, se ducha y limpia todo con sosa cáustica, como aquel 5 de enero que encontró a los dos en su cama.

Microrrelato ganador de la VII edición de Relatos con Banda Sonora
La Ventana - Cadena SER - Agosto 2022
Canción: María la portuguesa, de Carlos Cano, el gran Carlos Cano

La profesión va por dentro

La plañidera, que tantas veces ha dado el pésame, que siempre camina decidida hacia el ataúd, que apretando en sus manos las monedas por su trabajo ha llorado sin descanso ni consuelo frente a muertos ajenos, camina ahora en silencio, seca, temblorosa, con las manos vacías para poder agarrarse con fuerza a su pecho y al féretro de su único hijo.

(Los pescadores de perlas - Revista Quimera 463-464. Julio-agosto 2022)

Respeto por las tradiciones

En este pueblo no hacemos velatorios. Cuando alguien cree que va a morir, coge la pala, sale de casa, cava su propia tumba y, allí dentro, espera el final: sin molestar. Si después de tres días no aparece por el bar, vamos todos al cementerio, cubrimos su cuerpo con la tierra y el más viejo se lleva la pala. Así ha sido durante tanto tiempo que ya ninguno recordamos cómo era antes. Tan solo tuvimos un problema con el tío Fabián: nos lo encontramos al cuarto día dando vueltas por la calle Mayor, empeñado en que le había sido imposible acudir al bar por un asunto familiar. Lo que nos costó devolverlo a la tumba: cómo se resistió para estar muerto.

(Los pescadores de perlas - Revista Quimera 463-464. Julio-agosto 2022)

La explosión de la primavera

Me he enamorado de la nueva vecina. No tengo claro cómo ocurrió, pero sí cuándo: el día que coincidimos las dos en el ascensor. Quizás fue por el delicado olor de la hierbaluisa que llevaba prendida en su pelo. Tal vez por el profundo verde selva de sus ojos velados. O por esa sonrisa tan natural. No lo sé, pero deseé quedarnos allí encerradas.

        Desde entonces, paso las tardes asomada al balcón, justo sobre su terraza, y la contemplo. Veo cómo se mueve entre jardineras y macetas, siempre guiándose con sus manos, sin equivocar ni un solo paso. En ocasiones se detiene, ladea su cabeza hacia mi balcón y sonríe. Luego susurra a las caléndulas y a los geranios, besa los pensamientos y acaricia las orquídeas del rincón. Poco a poco el aire se convierte en fragancia. Cierro los ojos equilibrando nuestros sentidos e imagino que, perfumadas de frescura, tropezamos a solas en el ascensor.

(Bichos o balcones - ENTC - 2022)

Calabazas

Desde que anunciaron mi boda con el príncipe, no me dejan en paz. Las llamadas son constantes, la calle está llena de periodistas y los paparazzi anidan en las ramas de los árboles. Ni con las ventanas cerradas dejo de oírlos. Ayer quise salir a comprar y no pude llegar ni a la reja del jardín. Y mientras tanto mi príncipe de cacería. Me tiene harta, muy harta. Ahora mismo llamo a mi hada madrina y le pido que me agrande el pie.
(Finalista mensual - La Microbiblioteca - Mayo 2022)

Hija única

La niña pone la manita sobre la abultada tripa de su madre y pregunta si falta mucho. La madre le sonríe y contesta que no, que en muy pocos días podrán abrazarse y darse muchos besos y que muy pronto compartirán toda la ropa y los juguetes. La niña ladea su cabeza, lanza un beso a su madre y regresa entre saltitos a su cuarto. Cierra la puerta con sumo cuidado, esconde su camiseta de princesas tras el cajón del armario y, canturreando, empieza a afilar todos sus juguetes.


(Hermanos o relojes - ENTC - 2022)

Evolución

Nos extrañó que naciese con pocas escamas. Pensamos que se trataba de algún retraso en el crecimiento, pero cuando vimos que tampoco desarrollaba la aleta ventral y le salían esas patitas nos preguntamos en qué habíamos fallado.
     Ahora se pasa el día entero en su agujero del arrecife haciendo vete a saber qué y por las noches se larga de correrías con sus amigotes. Vuelven con la marea, arrastrándose. Ellos lo llaman “flow”. Van a la suya; no cuentan nada. Dicen que somos unos pesados, unos antiguos y que les dejemos en paz o un día de estos se van más allá de la orilla y no vuelven nunca más.

(Finalista mensual - La Microbiblioteca - Marzo 2022)