Todas las mañanas saluda a la bibliotecaria, sonríe y se dirige a un anaquel distinto al del día anterior. Coge un libro al azar, siempre con un ligero temblor. Observa la portada, la acaricia e intenta sentir el título en las yemas de los dedos. Lo abre por cualquier página y lo huele con los ojos cerrados. Si le devuelve un olor seco, rancio, fantasea con una detective peligrosa, un pasado peliagudo, una melena pelirroja, carreras, una pistola, un amor. Cuando el libro desprende alguna esencia química, metálica, imagina una hermosa astronauta, una nave espacial, otros mundos, otros seres, un cuásar, un amor. Si tiene aromas dulces, de madera, de vainilla, piensa en una heroína de ojos de miel, de lágrima fácil, entre sombras, entre luces, una ruptura, un amor. Se sienta en uno de los sofás y pasa las hojas poco a poco. Cuando llega al final, lo cierra, suspira y lo deja donde lo encontró, con cuidado. Al salir, sonríe de nuevo a la bibliotecaria e imagina cómo podrían ser sus días si supiera leer.
Garrampa de Letras
De vez en cuando las cosas cambian, y este blog también.
Amor por la lectura
Todas las mañanas saluda a la bibliotecaria, sonríe y se dirige a un anaquel distinto al del día anterior. Coge un libro al azar, siempre con un ligero temblor. Observa la portada, la acaricia e intenta sentir el título en las yemas de los dedos. Lo abre por cualquier página y lo huele con los ojos cerrados. Si le devuelve un olor seco, rancio, fantasea con una detective peligrosa, un pasado peliagudo, una melena pelirroja, carreras, una pistola, un amor. Cuando el libro desprende alguna esencia química, metálica, imagina una hermosa astronauta, una nave espacial, otros mundos, otros seres, un cuásar, un amor. Si tiene aromas dulces, de madera, de vainilla, piensa en una heroína de ojos de miel, de lágrima fácil, entre sombras, entre luces, una ruptura, un amor. Se sienta en uno de los sofás y pasa las hojas poco a poco. Cuando llega al final, lo cierra, suspira y lo deja donde lo encontró, con cuidado. Al salir, sonríe de nuevo a la bibliotecaria e imagina cómo podrían ser sus días si supiera leer.
volátil
abajo mira salta abajo
qué haces vuelve no mires atrás déjalo no sí déjalo
no mires ciérralos no mires calma respira no pienses calma despacio así otra respira piensa despacio cascarón sí calma bien así despacio
pero solo sí solo puedes no sí un paso uno relaja olvida solo uno respira solo instante breve salto respira solo aire instante viento paso siente aire despacio respira sí otro paso despacio solo mira abajo puedes calma
abre mira cielo mira puedes aire siente escucha viento mira sí abajo salto instante arriba cielo ahora salta salta salta abre más más mueve abajo rápido arriba extiende mueve rápido mueve sigue sube sigue rápido sigue nido sigue olvida siente viento sube mueve gira mueve sube mueve alas mueve calma mira cielo nubes sigue siente aire
sigue
sigue
eres viento
qué haces vuelve no mires atrás déjalo no sí déjalo
no mires ciérralos no mires calma respira no pienses calma despacio así otra respira piensa despacio cascarón sí calma bien así despacio
pero solo sí solo puedes no sí un paso uno relaja olvida solo uno respira solo instante breve salto respira solo aire instante viento paso siente aire despacio respira sí otro paso despacio solo mira abajo puedes calma
abre mira cielo mira puedes aire siente escucha viento mira sí abajo salto instante arriba cielo ahora salta salta salta abre más más mueve abajo rápido arriba extiende mueve rápido mueve sigue sube sigue rápido sigue nido sigue olvida siente viento sube mueve gira mueve sube mueve alas mueve calma mira cielo nubes sigue siente aire
sigue
sigue
eres viento
(ENTC - Coraje - abril, 2026)
Manga por hombro
(ENTC - Desorden - marzo, 2026)
Qué cruz de hombre
—¿Crees en mí?
—Creo en ti, maestro
—¿Has dudado alguna vez? ¿Has tenido, quizás, vacilaciones?
—Ya no. No ahora.
—Entonces, las tuviste, en algún momento. ¿Es cierto?
—Lo es, maestro, pero fueron ínfimas. Tal vez propiciadas por la debilidad del sueño, del dolor o por los subibajas del alcohol.
—¿Bebes?
—Ocasionalmente, maestro. Ocasionalmente.
—¿Ocasionalmente? ¿Seguro?
—Bueno, sí, claro. Depende de la ocasión.
—¿Y en qué ocasiones bebes?
—Pues lo justo: en las comidas, las cenas, algunas tardes, por las noches, sobre todo las de los sábados, los domingos antes de comer, las fiestas de guardar, las que no se guardan, algo caliente los días fríos, algo fresco los días calurosos, en los cumpleaños de los 12, recuerda que somos 12… Vamos, para evitar la sed. Lo justo.
—¿Lo justo?
—Lo justo, maestro. Lo justo para…
—¿Para qué?
—Para cosas, maestro.
—¿Para qué cosas?
—Mis cosas.
—…
—¡Para olvidar, coño, para olvidar dudas y vacilaciones, que todo lo quieres saber! ¡Cómo no voy a tenerlas siendo humano, Dios! ¿Pero tú no eras omnipresente y omnisciente, copón? Y no paras de preguntar. Anda, déjame beber tranquilo y date una vuelta con Judas que ya lleva un buen rato buscándote.
(ENTC - La fe - enero, 2026)
Sinsabores
Cuando la cara de Bogart ocupa toda la pantalla, ella detiene la imagen y pasea los dedos por la superficie, muy despacio. Siente el hormigueo de la televisión en las yemas y sonríe como lo haría Bacall, con estudiada insolencia, provocativa, desde muy dentro. Le habría gustado ser ella, acariciar la piel de Bogart, derrumbarse en sus brazos, besarle escena tras escena. Suspira, se humedece los labios, ahueca la mano maltrecha entre el ala del fedora y el cuello de la camisa y le besa con ternura. Imagina el aroma a tabaco y a whisky en su boca. No es difícil. En su asqueroso mundo en color, esos sabores siempre la acompañan, mezclados con los de la sangre y las lágrimas. Cuando escucha la llave en la puerta, acaricia a Bogart por última vez; y con la sonrisa de Bacall aún amoratada, abre la ventana hacia el beso en blanco y negro del asfalto.
(ENTC - Blanco y negro - diciembre, 2025)
Mala estrella
Se veía venir. Los tres han tenido la exclusividad del negocio durante casi dos mil años, pero de pronto aparece alguien que quiere un trozo del pastel. Y, es más, lo consigue por un mero tema temporal, por unos pocos días. El marketing también ha ayudado: ese rojo intenso, la carcajada rotunda, el sonido de las campanillas…
Según la noticia le han reventado el cráneo. Lo han dejado muerto, en la nieve, desnudo, junto al trineo. Dicen que va a ser fácil encontrarles. Pasan por aquí cada año, siempre en la misma fecha.
El poder de una sonrisa
Siempre había sido un tipo más amargo que un pomelo, huraño, hosco y malcarado. Incluso en la cuna. La gente prefería un mal pisotón antes que permanecer en su compañía. Pero tanta bilis contenida durante años terminó por asomarse en ardores, pinchazos y retortijones. Y cuanto más le dolía, más amabilidad notaba en el vecindario —buenos días tenga usted—, en las paradas del mercado —¿qué desea, buen hombre?—, en sus paseos —que vaya bien, don Anselmo— cuando con alguien se cruzaba. No comprendía ese cambio, esa cordialidad, esa absurda simpatía. En casa le daba vueltas y más vueltas. «Cabrones», se reconcomía por dentro; —son unos cabrones —rezongaba por fuera. Hasta que en una noche de infames dolores pudo ver que la mueca que el sufrimiento componía en el espejo reflejaba una cara de estúpida y amable sonrisa.
Ahora no siente dolor. Le gusta que le saluden, que le hablen y la compañía. Aún le cuesta sonreír. Y si ve que alguien le mira con reserva o reticencia, respira hondo, se concentra, mantiene el aire y se pellizca disimuladamente con todas sus fuerzas.
(ENTC - Serendipia - noviembre, 2025)
Cuerpo a cuerpo
En un rincón del baño, intenta gritar. No consigue que el aire mueva las cuerdas vocales. La mano izquierda tapando su propia boca tampoco ayuda. La derecha señala otro rincón donde los ojos entornados miran deseando no ver. Un temblor recorre todo su cuerpo, desde el gorro de ducha hasta unos pies de puntillas que intentan levitar. Dentro de la toalla, se siente frágil. Dentro de la toalla, se siente morir.
A ras de suelo, en el otro rincón, unas antenas oscuras examinan el espacio. Perciben ligeros movimientos de algo gigantesco que no recuerda de su visita anterior. Sus ojos compuestos se humedecen con el vapor. Se acerca. Corre sobre sus seis patas. Quiere saber si es objeto o depredador. Cuando lo gigantesco vibra con más velocidad y lanza pequeños ultrasonidos lastimeros, gira hacia la base del lavabo. Allí hay un agujero protector.
Entre grititos vuela el papel higiénico; vuela la esponja vegetal. La piedra pómez rebota en el suelo. Los pies regresan a la bañera. El gel de ducha, el acondicionador y el champú surcan el aire, sin precisión, mientras la cucaracha, convencida antropofóbica, decide resguardarse hasta el comienzo del segundo asalto.
(ENTC - Fobias - septiembre, 2025)
Experimentación animal
El doctor muestra a sus alumnos los tres injertos realizados hasta ahora en el espécimen: sobre la cuarta vértebra cervical, una oreja que ya ha desarrollado tejido epitelial con varias capas de células escamosas; un segundo apéndice nasal por encima de los ojos, electrónico, atornillado a la zona frontal y con acceso directo al rinencéfalo; y, por último, los tubos de drenaje activos conectados a los órganos para la toma de muestras durante los procesos digestivos y la inoculación de sustancias.
Hoy, señala, realizarán la amputación de los genitales, de escaso valor científico, e injertarán en ese espacio una tercera pata que se anclará a la parte central del hueso denominado cadera. Desconoce si realmente será viable, pero insiste en que estos experimentos pueden ser cruciales para la supervivencia de los roedores. Solo espera que, cuando empiece la operación, este humano grite menos que el donante.
(ENTC - Animales - agosto, 2025)
No habrá futuro
Esta noche, buscará silencios y sombras. Cruzará el pueblo y se llegará hasta el río con la bolsa bien anudada. Mirará a su alrededor para asegurarse de que nadie le observa. Será entonces cuando levantará alguna de las inmensas piedras que se acumulan junto al cauce y la dejará caer, una, y otra, y otra vez, hasta que en la bolsa ya nada se mueva. Sentirá nauseas, dolor y temblará cuando la recoja. Apretará los dientes, rechinarán, y llorará al lanzarla al río. En cuanto escuche el sonido del golpe en el agua, allí mismo, de rodillas, se santiguará y, a pesar de que la vida no le ha dejado espacio para la fe, rezará. Pedirá que su hijo, al que se llevó la corriente, sea feliz en compañía de su mascota.
(ENTC - Lo incorrecto - junio, 2025)
Gramática parda
Mis antepasados fueron tipos de mucha acción que cabalgaron el mundo por ínsulas y penínsulas. Vivieron aventuras, sufrieron lances, sin miedos a nada ni a nadie, y fueron ellos los que siempre sostuvieron las corduras de aquellos que eran su compañía. Si alguien se lanzaba contra unos gigantescos molinos, allá que iban con pasos firmes al rescate. O cuando un hombre de enjuta figura —triste por lo visto y que es referencia en la familia— quiso liberar presos que iban a galeras y fue él quien salió condenado a piedras y los otros a esquivarlas. Si alguien enfrentaba unos leones, todos daban la espalda, hasta los leones y, por supuesto, mi tatarabuelo, para evitar un exceso de sufrimientos a la vista…
—¡Voy!
Me han contado que después de una pelea con unos ejércitos lanudos, él se detuvo a estudiar la situación —era muy reflexivo el tatarabuelo— y en las lindes del campo quedó a rumiar sus pensamientos… Como yo.
—¡Que ya voy, repezuñas!
Hasta para esto somos indispensables: para hacer girar la rueda. Y el mundo. Y para sacar agua del pozo, que no solo se vive de hierba, cebada y heno. Anda que nos son burros estos humanos.




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