Rescisión de contratos

A pesar de los insistentes pitidos del árbitro y del banderín levantado, él sigue corriendo desaforado. Sale del campo y acelera por el túnel de vestuarios. Abandona el estadio, el recinto, y no para hasta llegar a su casa. Se quita las botas y las arroja contra la pared. Entra en la ducha, grita, se encrespa. Cae de rodillas. Tiembla mientras las lágrimas se pierden en el agua. Es la tercera vez. Sabe que no le dejarán volver al equipo. Pero le da igual. Desde que ella se fue, su vida es un eterno fuera de juego.

(El Mundial también se escribe. Fuera de juego. Julio, 2026)

Noches de Champions

Ha sido un partido cruento, mucho más que cualquiera de los anteriores. Esta vez el pobre árbitro no nos ha durado ni dos minutos y el sustituto, un novato, ha salido corriendo antes del pitido inicial. Y sin alguien que nos imponga cierta mesura y orden, es lógico que los rivales tengan tantos lesionados, tantas bajas, y sus camisetas terminen desgarradas y rojas con toda esa sangre. Hemos tratado de controlarnos, de verdad, pero resulta imposible en noches tan despejadas. Ahora, entre la ducha y que no se ve la luna llena, ya estamos mejor. 

(El Mundial también se escribe. Julio, 2026)