Noches de Champions

Ha sido un partido cruento, mucho más que cualquiera de los anteriores. Esta vez el pobre árbitro no nos ha durado ni dos minutos y el sustituto, un novato, ha salido corriendo antes del pitido inicial. Y sin alguien que nos imponga cierta mesura y orden, es lógico que los rivales tengan tantos lesionados, tantas bajas, y sus camisetas terminen desgarradas y rojas con toda esa sangre. Hemos tratado de controlarnos, de verdad, pero resulta imposible en noches tan despejadas. Ahora, entre la ducha y que no se ve la luna llena, ya estamos mejor. 

(El Mundial también se escribe. Julio, 2026)