Repasa los cánticos y gritos que ha ensayado toda la semana. Se imagina saltando con cada gol, abrazada a sus padres, entre lagrimones de alegría. No le importa que el equipo no haya ganado los últimos cuatro partidos. Esta vez estará ella y eso lo cambia todo. Su “a la bimbombá” es el mejor. Mamá, papá y hasta la yaya se lo han dicho. Cuando entran al estadio apretuja las manos de sus padres y huele la bufanda. Imagina que ganan, de paliza, y, sobre todo, la alegría de gritarle “a la bimbombá”, bien fuerte, al abusón de Carlitos.
(El Mundial también se escribe. Siete días, siete partidos. Junio, 2026)
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