Gramática parda
Mis antepasados fueron tipos de mucha acción que cabalgaron el mundo por ínsulas y penínsulas. Vivieron aventuras, sufrieron lances, sin miedos a nada ni a nadie, y fueron ellos los que siempre sostuvieron las corduras de aquellos que eran su compañía. Si alguien se lanzaba contra unos gigantescos molinos, allá que iban con pasos firmes al rescate. O cuando un hombre de enjuta figura —triste por lo visto y que es referencia en la familia— quiso liberar presos que iban a galeras y fue él quien salió condenado a piedras y los otros a esquivarlas. Si alguien enfrentaba unos leones, todos daban la espalda, hasta los leones y, por supuesto, mi tatarabuelo, para evitar un exceso de sufrimientos a la vista…
—¡Voy!
Me han contado que después de una pelea con unos ejércitos lanudos, él se detuvo a estudiar la situación —era muy reflexivo el tatarabuelo— y en las lindes del campo quedó a rumiar sus pensamientos… Como yo.
—¡Que ya voy, repezuñas!
Hasta para esto somos indispensables: para hacer girar la rueda. Y el mundo. Y para sacar agua del pozo, que no solo se vive de hierba, cebada y heno. Anda que nos son burros estos humanos.
Por entre lo dormido
Bostezo bajo las sábanas y me revuelco con esa deliciosa pereza matinal que todavía no me ha dejado. Miro el despertador. Un ratito más. A estas horas el director ya debe estar preguntando por mí. Me lo imagino. Se moverá a histéricos trancos por los pasillos, como siempre. Hará aspavientos, consultará la hora en el reloj del despacho, en su Rolex, en el móvil. Entrará y saldrá de la sala de juntas, sudoroso, y con esa falsa sonrisa tan suya dará alguna extraña excusa. Se pondrá en jarras y chasqueará la lengua. Cómo le gusta hacerlo: me enerva. En cuanto me levante, me duche, tome el café y llegue a la reunión, tengo que cesarlo. Es uno de los pocos gustazos, junto con dormir un ratito más, que aún podemos darnos los presidentes.
XII Quedada Microrrelatista - Sevilla, 2025
Me gusta andar de noche
Me gusta andar de noche las ciudades desiertas,
cuando los propios pasos se oyen en el silencio.
Sentirse andar, a solas, por entre lo dormido,
es sentir que se pasa por entre un mundo inmenso.
Todo cobra relieve: una ventana abierta,
una luz, una pausa, un suspiro, una sombra...
Las calles son más largas, el tiempo también crece.
¡Yo alcancé a vivir siglos andando algunas horas!
CONCHA MÉNDEZ

