Mala estrella

Se veía venir. Los tres han tenido la exclusividad del negocio durante casi dos mil años, pero de pronto aparece alguien que quiere un trozo del pastel. Y, es más, lo consigue por un mero tema temporal, por unos pocos días. El marketing también ha ayudado: ese rojo intenso, la carcajada rotunda, el sonido de las campanillas…
Según la noticia le han reventado el cráneo. Lo han dejado muerto, en la nieve, desnudo, junto al trineo. Dicen que va a ser fácil encontrarles. Pasan por aquí cada año, siempre en la misma fecha.



El poder de una sonrisa

Siempre había sido un tipo más amargo que un pomelo, huraño, hosco y malcarado. Incluso en la cuna. La gente prefería un mal pisotón antes que permanecer en su compañía. Pero tanta bilis contenida durante años terminó por asomarse en ardores, pinchazos y retortijones. Y cuanto más le dolía, más amabilidad notaba en el vecindario —buenos días tenga usted—, en las paradas del mercado —¿qué desea, buen hombre?—, en sus paseos —que vaya bien, don Anselmo— cuando con alguien se cruzaba. No comprendía ese cambio, esa cordialidad, esa absurda simpatía. En casa le daba vueltas y más vueltas. «Cabrones», se reconcomía por dentro; —son unos cabrones —rezongaba por fuera. Hasta que en una noche de infames dolores pudo ver que la mueca que el sufrimiento componía en el espejo reflejaba una cara de estúpida y amable sonrisa.
Ahora no siente dolor. Le gusta que le saluden, que le hablen y la compañía. Aún le cuesta sonreír. Y si ve que alguien le mira con reserva o reticencia, respira hondo, se concentra, mantiene el aire y se pellizca disimuladamente con todas sus fuerzas.

(ENTC - Serendipia - noviembre, 2025)

Cuerpo a cuerpo

En un rincón del baño, intenta gritar. No consigue que el aire mueva las cuerdas vocales. La mano izquierda tapando su propia boca tampoco ayuda. La derecha señala otro rincón donde los ojos entornados miran deseando no ver. Un temblor recorre todo su cuerpo, desde el gorro de ducha hasta unos pies de puntillas que intentan levitar. Dentro de la toalla, se siente frágil. Dentro de la toalla, se siente morir.

     A ras de suelo, en el otro rincón, unas antenas oscuras examinan el espacio. Perciben ligeros movimientos de algo gigantesco que no recuerda de su visita anterior. Sus ojos compuestos se humedecen con el vapor. Se acerca. Corre sobre sus seis patas. Quiere saber si es objeto o depredador. Cuando lo gigantesco vibra con más velocidad y lanza pequeños ultrasonidos lastimeros, gira hacia la base del lavabo. Allí hay un agujero protector.

     Entre grititos vuela el papel higiénico; vuela la esponja vegetal. La piedra pómez rebota en el suelo. Los pies regresan a la bañera. El gel de ducha, el acondicionador y el champú surcan el aire, sin precisión, mientras la cucaracha, convencida antropofóbica, decide resguardarse hasta el comienzo del segundo asalto.

(ENTC - Fobias - septiembre, 2025)

Experimentación animal

El doctor muestra a sus alumnos los tres injertos realizados hasta ahora en el espécimen: sobre la cuarta vértebra cervical, una oreja que ya ha desarrollado tejido epitelial con varias capas de células escamosas; un segundo apéndice nasal por encima de los ojos, electrónico, atornillado a la zona frontal y con acceso directo al rinencéfalo; y, por último, los tubos de drenaje activos conectados a los órganos para la toma de muestras durante los procesos digestivos y la inoculación de sustancias.
Hoy, señala, realizarán la amputación de los genitales, de escaso valor científico, e injertarán en ese espacio una tercera pata que se anclará a la parte central del hueso denominado cadera. Desconoce si realmente será viable, pero insiste en que estos experimentos pueden ser cruciales para la supervivencia de los roedores. Solo espera que, cuando empiece la operación, este humano grite menos que el donante.

(ENTC - Animales - agosto, 2025)

No habrá futuro

Esta noche, buscará silencios y sombras. Cruzará el pueblo y se llegará hasta el río con la bolsa bien anudada. Mirará a su alrededor para asegurarse de que nadie le observa. Será entonces cuando levantará alguna de las inmensas piedras que se acumulan junto al cauce y la dejará caer, una, y otra, y otra vez, hasta que en la bolsa ya nada se mueva. Sentirá nauseas, dolor y temblará cuando la recoja. Apretará los dientes, rechinarán, y llorará al lanzarla al río. En cuanto escuche el sonido del golpe en el agua, allí mismo, de rodillas, se santiguará y, a pesar de que la vida no le ha dejado espacio para la fe, rezará. Pedirá que su hijo, al que se llevó la corriente, sea feliz en compañía de su mascota.

(ENTC - Lo incorrecto - junio, 2025)

Por entre lo dormido

Bostezo bajo las sábanas y me revuelco con esa deliciosa pereza matinal que todavía no me ha dejado. Miro el despertador. Un ratito más. A estas horas el director ya debe estar preguntando por mí. Me lo imagino. Se moverá a histéricos trancos por los pasillos, como siempre. Hará aspavientos, consultará la hora en el reloj del despacho, en su Rolex, en el móvil. Entrará y saldrá de la sala de juntas, sudoroso, y con esa falsa sonrisa tan suya dará alguna extraña excusa. Se pondrá en jarras y chasqueará la lengua. Cómo le gusta hacerlo: me enerva. En cuanto me levante, me duche, tome el café y llegue a la reunión, tengo que cesarlo. Es uno de los pocos gustazos, junto con dormir un ratito más, que aún podemos darnos los presidentes.

XII Quedada Microrrelatista - Sevilla, 2025


Me gusta andar de noche

Me gusta andar de noche las ciudades desiertas, 
cuando los propios pasos se oyen en el silencio.
Sentirse andar, a solas, por entre lo dormido,
es sentir que se pasa por entre un mundo inmenso.

Todo cobra relieve: una ventana abierta,
una luz, una pausa, un suspiro, una sombra...
Las calles son más largas, el tiempo también crece.

¡Yo alcancé a vivir siglos andando algunas horas!

CONCHA MÉNDEZ

Los nidos

 

Ella querría estar en casa, con los olores de la cocina, y escuchar el canturreo de su madre al ritmo con el que la cuchara golpea las cazuelas. Verla bailotear entre fogones, despensa y leñera y, de vez en cuando, sentir un beso cálido en la coronilla. Pero todos se empeñan en que hoy vuelva al colegio, aunque ella no quiera. Pasar el día con esos esos niños tontos que corren y gritan. Sólo su única amiga está tan triste como ella porque se ha muerto la golondrina que anidaba en el alero. Las mayores canturrean, les hacen corro y se burlan porque la muerte ronda sus casas, a una bajo el tejado, a la otra en la cocina.


ENTC - 2025 

La culpa

Desde que su mujer desapareció, él se movía por el pueblo acarreando una escalera. Siempre la misma rutina. Salía de casa, temprano, la mirada baja, silencioso. Al llegar al bar, dejaba la escalera junto a la puerta y pedía chatos y chatos de vino; cada día, uno más. Ya de noche, cuando era la hora de cerrar, volvía a casa tambaleándose. Sólo se paraba bajo el árbol de la plaza, con la escalera apoyada en el tronco y su inmenso pañuelo en mano, a mirar hacia arriba y a descansar.

     Algunos vecinos aseguraban, entre carcajadas, que siendo un tipo violento era para estampársela en la cabeza de quien le había robado a su Antonia; otros juraban que le habían visto subir a fisgar a través de las ventanas de las casas del pueblo por si ella estaba amancebada en alguna; también que la llevaba con la intención de encaramarse a cualquier tejado de la calle Mayor y acechar por si ella pasaba… Todos los chismorreos parecían posibles hasta hoy al amanecer, cuando el alguacil ha descubierto la escalera junto al tronco del árbol y su cuerpo balanceándose entre las ramas.

(ENTC - Escaleras - Febrero, 2024)

Loco

Estaba loco. Loco de atar. De esos locos que te hacen cambiar de acera. Un loco con aspavientos y voces. Voces por dentro y por fuera. De manual: gritos de loco, cara de loco, ojos de loco, dientes de loco, ropa de loco, andares de loco. Un loco que no disimula. Que se sabe loco. Que es feliz siendo loco. No como otros locos que se creen cuerdos y se cambian de acera.

(infoLibre - Los diablos azules - Liebre por gato - 27 de noviembre de 2024)

La vida es juego

Les ordenamos salir del aula. Sus miradas traviesas, las risitas constantes y el bailoteo nervioso eran pruebas irrefutables de su culpabilidad. Por los pasillos, mientras unos imitaban el sonido de un tambor, otros marcaban el paso. Un, dos, un, dos… Como cualquier otro día, al salir al patio rompieron filas. Entre saltos y carreras, llegaron hasta la portería pintarrajeada en un muro manchado con la sangre de sus maestros. El más pequeño, con los brazos cruzados y la boca torcida, iba el último, bien enfurruñado. Él siempre había querido hacer de invasor.

(infoLibre - Los diablos azules - Liebre por gato - 27 de noviembre de 2024)

El deconstructor

Un vientecillo voluble y descreído merodea entre los árboles del parque. Al llegar a una zona soleada, se acalora, sopla y resopla. Crea un remolino de hojas y polvo al que se une alguna bolsa olvidada. Un niño que se acerca para curiosear es absorbido sin contemplaciones. Su madre corre para rescatarlo y es aspirada por un vórtice cada vez más virulento. El torbellino, crecido y envalentonado, engulle más gente, árboles, animales, trocitos del mundo. Se hace manga, tornado, ciclón. Se agiganta y, después de tragarse cielo, tierra, luz y al mismo Dios, vuelve a dejar el antiguo rastro de tinieblas.

(infoLibre - Los diablos azules - Liebre por gato - 27 de noviembre de 2024)